Cohabita: vivir la vejez entre amistades
El pasado 8 de junio tres asociaciones ripenses presentaron su proyecto residencial, impulsado por la iniciativa municipal Cohabita Rivas. MARIO F. TREJO

Rivas es la cuarta ciudad española en esperanza de vida, con una media cercana a los 85 años. A ello contribuye, sin duda, el alto nivel de los servicios públicos que la ciudad presta a su población, convirtiéndola en un referente de calidad de vida en la Comunidad de Madrid y en el conjunto del país.

Con el objetivo de conservar y mejorar esos estándares de calidad, el Ayuntamiento de Rivas y la EMV avanzan en la puesta en marcha del proyecto Cohabita Rivas, una iniciativa de vivienda colaborativa dirigida a personas mayores y que se marca como meta prevenir la dependencia, fomentar el envejecimiento activo de la población y afrontar en la mejor de las situaciones el reto de la soledad, sobrevenida en muchos casos por una mera cuestión de edad. Este proyecto tan novedoso, que tiene sus orígenes en Dinamarca y del que en España existen tan solo trece ejemplos, ha empezado a tomar tierra y a vislumbrarse como una realidad muy próxima en Rivas. Son tres las comunidades sénior que, organizadas en tres asociaciones, han resultado beneficiarias de la cesión por 50 años de las parcelas dotacionales que la EMV sacó a concurso hace un año y que están ubicadas en las calles de la Princesa Wallada y de Guillermina Medrano. Sus proyectos se ajustan a las bases del concurso, dirigido a entidades sin ánimo de lucro constituidas por personas mayores de 50 años y que hubieran presentado los mejores proyectos sociales vinculados a equipamientos colaborativos, para convertirse después en cooperativas de servicios.

“Lo que realmente quiero es irme a vivir con mis amigos y morir rodeado de ellos”

“Es muy importante blindar la propiedad de las viviendas a la cooperativa, que será sin ánimo de lucro”, explica Ángel a Rivas al Día. Es uno de los integrantes de la Asociación Taray y sus ojos se iluminan mientras explica el proyecto que ha construido junto a algunos de sus amigos, con el ánimo de envejecer y pasar juntos la última etapa de sus vidas. Lo resume en una frase: “Lo que realmente quiero es irme a vivir con mis amigos y morir rodeado de ellos”.

ALTERNATIVA A LAS RESIDENCIAS
Este modelo de viviendas colaborativas es una alternativa real al actual modelo de residencias de mayores, que ha hecho aguas durante la pandemia. Según Luis Miguel, uno de los integrantes más activos de la Asociación Taray, “si has vivido la experiencia de una residencia [a través de algún familiar próximo], te das cuenta de que este proyecto tiene muchos más beneficios, lo de las residencias es muy triste”. “Además –apunta José Ignacio, vecino de Arganda que ha decidido implicarse en este proyecto con sus amistades ripenses– en las residencias ahora hay inversores que necesitan beneficios y que los consiguen reduciendo personal”.

Por otro lado, detrás de esta iniciativa tan emprendedora, que se asume con una edad en la que las personas no son proclives a ciertos riesgos económicos, se esconde una voluntad muy clara: “No queremos ser una carga para nuestros hijos”, explica el propio José Ignacio, que cuida de su madre y de su suegra, de 88 años.

“Hay gente que no entiende que vayas a dejar tu casa; lo que no queremos es la soledad”

En esa línea se expresa Pilar, una de las integrantes de la Asociación La Corrala, compuesta principalmente por mujeres: “Yo me traje a Rivas a mis padres, que vivían en Ciudad Lineal. Mi madre con Alzhéimer y mi padre con un ictus, y sentí como que les arrancaba de su sitio”.

ARRAIGO EN RIVAS
El arraigo al terreno en el que han vivido durante las últimas décadas es una de las razones que les ha llevado a decantarse por este proyecto de viviendas colaborativas y no por otros que se puedan llevar a cabo en otras zonas con mejor clima, como la costa. Pilar vino a Rivas en 1982 y Rosa, la presidenta de la asociación, lo hizo en 1985. “Es un municipio que nos ha dado mucho y, sobre todo, mucha calidad de vida”, inciden ambas. Sus hijos y sus nietos ya son ripenses, tienen aquí su vida y quieren seguir cerca de ellos durante los próximos años.

En la misma línea se expresa María, vicepresidenta de la Asociación Cosmos de Rivas, que vino a aquella población incipiente en 1978, para formar parte de la cooperativa Pablo Iglesias. “Nos llamaban colonizadores”, cuenta entre risas esta profesora jubilada de secundaria, que vino del instituto El Carrascal de Arganda para poner en marcha el IES Duque de Rivas. Va a compartir su vivienda con una de sus mejores amigas, a la que conoció por entonces, hace ya cuatro décadas, y con la que ha compartido tareas docentes en la ciudad.

“No queremos ser una carga para nuestros hijos”

Rita, que con su esposo Vicente, integra la Asociación Taray, explica que el ‘cohousing’ es “una filosofía de vida” y señala que “hay gente que no entiende que vayas a dejar tu casa”. “Lo que no queremos es estar solos, yo la soledad la quiero ahora, cuando a mí me apetece, pero no con 80 ó 85 años”. Además, a los hijos de Rita y Vicente, la idea les parece estupenda, porque “es algo de que a ellos les va a liberar”, comenta él. Rosa, de La Corrala, señala que en su caso le decían que “por qué íbamos a meternos en una comuna a nuestra edad, pero en realidad están encantados”.

INTERÉS CRECIENTE
Lo cierto es que, más que una rémora, la pandemia ha sido “un revulsivo” para estos proyectos, toda vez que son más y más las personas que se interesan por estos proyectos y por formar parte de ellos.

Este hecho quedó demostrado el pasado 8 de junio en el salón de actos del edificio Atrio, sede de la EMV, repleto de gente interesada en la presentación de los tres proyectos ganadores de este concurso: Taray, La Corrala y Cosmos, y en la que estuvieron presentes el alcalde, Pedro del Cura, y la concejala de Urbanismo y Vivienda y consejera delegada de la EMV, Pilar Gabina Alonso.

“Si hay un ayuntamiento capaz de hacer esto, es Rivas. En la Comunidad de Madrid no hay otro”, señala Mati, otra socia de La Corrala, que insiste en que “Rivas no solo ofrece alternativas y servicios, sino que atiende y escucha a sus ciudadanos”.

Marisa es la presidenta de la Asociación Cosmos de Rivas, es vecina de Madrid y no duda en señalar a Rivas como un referente para este tipo de proyectos: “Me ha resultado una ciudad muy atractiva, a la que desconocía antes de asumir este proyecto. Tiene muchísimas zonas verdes, no tiene edificios altos y tiene una oferta social muy importante”.

Al igual que muchas otras personas integrantes de las tres asociaciones, Marisa ya había buscado antes información sobre este tipo de residencias colaborativas. Ella las descubrió en Bélgica, en un viejo convento habilitado como espacio de residencia para personas mayores, donde descubrió “un ambiente que yo quería para mi vejez”.

De la información que unos y otros han atesorado surgieron una serie de talleres con la empresa Microurbanía, dando a luz a diferentes grupos semilla de los que han ido floreciendo estas tres asociaciones, todas ellas con lista de espera, que pronto se convertirán en cooperativas sin ánimo de lucro.

ASOCIACIÓN LA CORRALA
Un total de 44 personas forman ya la Asociación La Corrala, que tiene un proyecto que suma 30 unidades residenciales. Al igual que las otras dos, en La Corrala tienen lista de espera para pasar a formar parte de un modelo de vivienda colaborativa que tiene en la tolerancia, el feminismo, la perspectiva de género o los cocuidados algunos de sus principales valores. Sus integrantes trabajan en la idea de construir un edificio cómodo y accesible, adaptable a las necesidades de cada persona, y en el que las decisiones se tomen por consenso. “Apostamos por la gobernanza, nos por las mayorías o las minorías”, comentan sus integrantes. También les preocupa el aspecto de la sostenibilidad, por lo que apuestan por un modelo de edificio que no tenga impacto ambiental, de consumo 0. Para ello, plantean crear una comunidad energética con las otras dos asociaciones, con las que compartirán terreno.

ASOCIACIÓN TARAY
La Asociación Taray está integrada ya por 19 personas para un total de 12 unidades residenciales. Una decena de personas aguarda en lista de espera a formar parte de un proyecto para el que sus responsables recomiendan contar con al menos 50.000 euros. Todos los integrantes de la Asociación Taray tienen entre 50 y 70 años y apuestan por la autogestión del futuro complejo residencial, en el que habrá espacios comunitarios, como el comedor, y en el que habrá un calendario con los turnos de la limpieza o de otras tareas propias de una vivienda en comunidad. Al igual de La Corrala y Cosmos de Rivas, en Taray no conocen las medidas de su parcela, pero ya andan mirando proyectos de edificio, que en ningún momento superará las dos alturas, tal y como establecen las cláusulas del concurso Cohabita de la EMV. Plantean un modelo de construcción atractivo, ecológico, eficiente y que facilite la relación entre las personas.

ASOCIACIÓN COSMOS DE RIVAS
Hasta el momento, la Asociación Cosmos de Rivas cuenta con 11 personas asociadas y 8 unidades residenciales. En todo caso, hay más de 40 personas que ya les han pedido información, por lo que han creado una comisión de bienvenida que se encarga de explicarles el proyecto y de valorar si reúnen las condiciones para formar parte del mismo. Por ejemplo, este colectivo no admite de inicio a personas dependientes, aunque trabajan con la posibilidad de que las personas que pasen a formar parte de su vivienda colaborativa puedan desarrollar algún tipo de dependencia y han planteado que cada vivienda cuente con dos habitaciones, para que la persona cuidadora pueda pernoctar con su paciente. Su proyecto es social y participativo, sostenible y ecológico, accesible y asequible, innovador y alternativo, en el que predominen la vida activa y su integración en el día a día de Rivas.

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